EL ÁNGEL CIEGO

Tocó a la puerta el ángel destrozado,
y se puso a temblar
el cedro joven de la puerta
frente al ángel leproso.
Y entró a la estancia el ángel,
colgante su mirar,
descarnadas sus carnes,
los pies comidos hasta los tobillos,
como los de una grulla negra
a punto de su vuelo.
Mostraba el cobre de la muerte
la epidermis del ángel.
Lanzó al horror del aire
su descoyuntado vuelo de ángel bueno
que ha olvidado bailar.
Éste es, amada, el ángel
que suele visitarme en los días claros.
Cuando se va,
devoro las docenas de ratas moribundas
que lo siguen
(no se trata de hacer drama ante nadie)
pisoteo las sombras que han entintado el suelo,
fumigo los rincones,
expulso con la escoba a los fantasmas,
para que todo esté limpio
cuando el ángel vuelva,
a ensangrentarlo todo,
a ennegrecerlo todo.


EDUARDO LIZALDE

Comentarios

Carlos dijo…
No hay que olvidarse que Luzbel fue previamente un ángel, condenado luego a las ruinas del infierno.

Bello blog, dí con él buscando el poema el Sino sangriento de Miguel Hernandez.

Te dejo un abrazo.