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Mostrando las entradas de marzo, 2014

III POEMAS DE DESPEDIDA

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Los picos azulados rozan el cielo
Vives libre, olvidando años
Aparto las nubes en busca del sendero antiguo
Y me apoyo en un árbol a escuchar el murmullo de la fuente
Entre las tibias flores se acuestan los búfalos negros
En los altos pinos duermen las grullas blancas
Mientras hablamos, cae el crepúsculo sobre el río
Y desciendo solo, en la niebla helada

·

Horizontes de montañas tras la muralla del Norte
Aguas cristalinas, en torno a la ciudad del Este
Aquí nos decimos adiós
Vagarás como una brizna solitaria
El pensamiento del viajero flota como la nube
Y con el sol poniente queda el sentimiento
Agito la mano
El relincho de los caballos al separarse suena desgarrador

·

Sólo hace unos días que nos despedimos
Y ante la puerta ya han crecido girasoles salvajes
Las cigarras del frío ensordecen desde los árboles
Gritan sin cesar, día y noche, su tristeza
El rocío apaga las luciérnagas
Y la escarcha cristalina marchita las hierbas trepadoras
En vano seco mis lágrimas con mis mangas de gas…

PERDÍ MI JUVENTUD

Perdí mi juventud en los burdeles
pero no te he perdido
ni un instante, mi bestia,
máquina del placer, mi pobre novia
reventada en el baile.

Me acostaba contigo,
mordía tus pezones furibundo,
me ahogaba en tu perfume cada noche
y al alba te miraba
dormida en la marea de la alcoba,
dura como una roca en la tormenta.

Pasábamos por ti como las olas
todos los que te amábamos. Dormíamos
con tu cuerpo sagrado.
Salíamos de ti paridos nuevamente
por el placer, al mundo.

Perdí mi juventud en los burdeles
pero daría mi alma
por besarte a la luz de los espejos
de aquel salón, sepulcro de la carne,
el cigarro y el vino.

Allí, bella entre todas,
reinabas para mí sobre las nubes
de la miseria.

A torrentes tus ojos despedían
rayos verdes y azules. A torrentes
tu corazón salía hasta tus labios,
latía largamente por tu cuerpo,
por tus piernas hermosas
y goteaba en el pozo de tu boca profunda.

Después de la taberna,
a tientas por la escala,
maldiciendo la luz del nuevo día,
demonio a los veinte años,
e…