SEIS POEMAS DE EDMOND JABÈS




CANCIÓN DEL ÚLTIMO NIÑO JUDÍO

Mi padre cuelga de una estrella
mi madre se desliza con la lluvia
ella luce
mi padre es sordo
quién me reniega en la noche
en el día quién me destruye.
La piedra es ligera.
El pan se parece al pájaro
y lo miro volar.
La sangre está en mis mejillas.
Mis dientes buscan una boca menos vacía
en la tierra o en el agua
en el fuego.
El mundo es rojo.
Todas las rejas han sido derribadas.
Los caballeros muertos galopan siempre
en mi sueño y en mis ojos.
En el cuerpo asolado del jardín perdido
florece una rosa, florece una mano
de rosa que jamás estrecharé.
Me llevan los caballeros de la muerte.
Para amarlos nací.



CANCIÓN PARA UN AMIGO DESDICHADO

Esta mañana los pájaros despertaron frente a los árboles. Silbó un fantasma que pasaba. Los pájaros se posaron, entonces, sobre cada pensamiento, como la abeja golosa sobre el día. Los pájaros, el fantasma y el agua pesada; luego un pez tirado a la salida. Éramos dos bajo el árbol para desgranar la almendra. El camino estaba sembrado de muertos. Los mangos reconstruidos hasta el codo, y cómplice, una mujer enterraba el amor.



CANCIÓN PARA UN DÍA PERDIDO

El día ha caído
como un grito maduro.
No amo los gritos.

El día ha caído
como un sol maduro.
No amo la noche.

Este día es quien macera
mi dolor.

El día ha caído
como un pájaro viejo.
No amo la tierra.

El día ha caído
como un viejo sueño.
No amo el mar.

Este es el día que asesina
las miradas.

El día ha caído
en medio del camino.
Nadie lo ha levantado.



CANCIÓN PARA EL PECHO CRUCIFICADO DE UNA MONJA

Se defendió de las flores a la entrada del convento. Pero no pudo hacer nada contra una rosa. Una monja la cultivaba en secreto. ¿Pero dónde, pero cómo? Cuando le desgarró el vestido, sangró la hermana Anne. Sus pechos se deshojaron. Desnuda, rogaba con sus labios muertos. Eran dos palomas sus manos juntas. 'Hermana, hermana Anne, ¿ves algo en el futuro?' 'Yo veo ⎯respondió la tierra⎯ una rosa desde aquí hasta el techo', pero ⎯¿no lo habías ya adivinado?⎯ para asfixiar el escándalo, es necesario enterrar a la pecadora con sandalias.



CANCIÓN DE LOS ÁRBOLES DEL BOSQUE NEGRO

En el bosque negro
donde cuelgan los ahorcados
y los soldados montan guardia
estalla un incendio.
¿Quién encendió las antorchas?
Los soldados, presas del pánico
⎯hubo quien creyó que era labor fácil⎯
pedían auxilio a gritos
trataban de huir de sus propias armas.
Ahora el bosque es rojo
y los colgados ríen siempre
no se queman.



CANCIÓN PARA MI LECTOR

No encontrarás, lector, en este álbum de canciones, mi preferida. Se oculta en otros lugares, en el viento que dora tus pestañas, en la mirada que da aire. Es necesario que una vez dormido escuches mi canción. No soy el cantor de la noche. Donde ríes soy tu risa; donde lloras, la avispa asombrada de tus lágrimas. Toda la esencia del mundo está en tus labios. Es necesario que una vez despierto cantes mi canción.







De Canción para la comida del ogro
Versión de Francisco Magaña
Taberna Libraria Editores, 2015

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