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Mostrando las entradas de junio, 2007

RESURRECCIÓN

He venido a buscarte.
Yuna, estás tan presente.
Cuando camino solitario por la calle Chong-ro
vienes sonriendo de los cuatro puntos cardinales.
Te extrañé cada vez que cantaban los gallos en el alba.
Me oías llamarte.
Yuna, hace miles de años que no te veo.
Te fuiste aquel día en un ataúd de flores
que se fue más allá de la montaña,
sólo quedo el cielo vacío en mis ojos
y en mis manos, ninguna cabellera que acariciar;
llovía tanto... Tras la vela fui abriendo
la puerta de piedra donde cantaban los búhos
y encontre un río de miles de millas.
¿Cómo pudiste bajar en el arco iris desde tu
oculto domicilio, sin tener noticias de ti?
En los cuatro caminos de la calle Chong-ro,
como mar de niebla un grupo de niños
viene charlando al sol.
Entre ellos, jóvenes veinteañeros, por fin
regresas en sus ojos, en su alegre bullicio,
en su corazón, ¡Yuna, Yuna, Yuna!
Te veo venir y hacerte presente.


SO CHUNGJU

LA MUERTE ESTÁ HECHA DE COSAS ASÍ · Fragmentos

·

Que manera de mirarme
cuando todo alrrededor
cae derrotado,
tu piel es fuego silencioso
fuego silencioso tu voz
y tus ojos,
y yo que tuve que nacer
con el alma de madera.
Oh fogata, el corazón me arde
entre las manos,
que manera de mirarme
cuando todo en mi interior
cae derrotado,
tu olor es un amor muerto
a palos, a distancias
y yo que tuve que nacer
frágil como las alas
de una mariposa.

·

Yo sé que el tiempo
es un mar hecho para hundirse
pero yo no quiero nadar
ni levantar el polvo
de nosotros.

·

No sé dónde mis pies
terminan
dónde empieza el vacío
ó extendidos ríos
de sangre.

No sé si tengo ya
el esqueleto vuelto humo
y no puedo
ni con mi cuerpo
ni mi sombra.

O será que has venido
de pies a cabeza
oscurecida
y la muerte está hecha
de cosas así

como escuchar tu voz.


ENRIQUE CARLOS · 2007

SI TAN SÓLO YACIERAS MUERTA Y FRÍA

Si tan sólo yacieras muerta y fría
y las luces del oeste se apagaran,
vendrías aquí e inclinarías tu cabeza,
y yo reposaría la frente sobre tu pecho
y tú susurrarías palabras de ternura
perdonándome, pues ya estás muerta:
No te alzarías ni partirías presurosa,
aunque tengas voluntad de pájaro errante,
mas tú sabes que tu pelo está prisionero
en torno al sol, la luna;
Quisiera, amada, que yacieras
en la tierra, bajo hojas de bardana,
mientras las estrellas, una a una, se apagan.


WILLIAM BUTLER YEATS