SOBRE «TODO PARA FIESTAS» DE IVÁN SOTO CAMBA
¡FELIZ HA MUERTO; LARGA VIDA A FELIZ!
por Enrique Carlos
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Una papelería-acuario-dulcería, y ahora una plaquette de poesía, llamada Todo para fiestas [Sombrario Ediciones, 2022]. Un anuario de momentos incómodos rodeados por desechables y globos de colores. Un imaginario desteñido de salones de fiestas infantiles y reuniones patéticas de oficina. Una inevitable cuenta regresiva que la gente se empecina en celebrar. Levantarte de tu sillas para ir por un canapé y descubrir al regresar que algún desconocido ha ocupado tu sitio. Vivir a la espera de otra silla para sentarte a matar el tiempo. Matar al tiempo hasta que el tiempo termine por matarte a ti. Y aquí estamos otra vez, reunidos para celebrar un libro de poesía. Porque no aprendemos, nunca lo hacemos. Un libro tras otro, una página tras otra, una celebración inútil tras otra. Hoy, hace doscientos y un años, murió el poeta John Keats. ¿A quién le importa? Hoy, hace setenta y ocho años, nació Johnny Winter. Bien por él, ¡felicidades, Johnny! Hoy, un año después, habremos estado aquí, en la presentación de este singular trabajo de Iván Soto Camba.
1 Tu época ya estaba usada
Terrible verdad para comenzar esta lectura. Porque sí, mi época ya estaba usada. El futuro es hoy y no resultó ser más que un cascarón relleno de confeti. El mundo parece haber cambiado de sitio y, en una suerte de mundo fantasma, repetimos viejos rituales sin sentido ni significado. Una fiesta de cumpleaños que terminó hace décadas, en la que no queda ni un comensal, los globos han perdido su tamaño, el festejado bien podría haber muerto, pero las mañanitas no dejan de sonar en el estéreo. ¿En el estéreo? ¿De verdad dije estéreo? Spotify, quise decir. Pero ¿a dónde nos fuimos todos?, además de al carajo, por supuesto. No lo sé, podríamos salir a marchar en busca de los desaparecidos, revisar la lista de decesos por covid, buscar un tutorial para realizar pasteles de cumpleaños, mirar tik tok hasta desfallecer o encontrar al festejado, lo que ocurra primero. ¿No sentías desde el principio desgastado también el cuerpo?, nos pregunta Iván. Pero por supuesto, somos las últimas fotocopias de una fotocopiadora que se está quedando sin tinta. Pálidos, arrugados, análogos y doloridos.
2 Despierta mi bien despierta
Algunos científicos creen que las aves cantan al amanecer para indicar a sus compañeros que lograron pasar la noche, una forma de decir todavía sigo aquí. Los humanos no tenemos suficiente ánimo para hacerlo todas las mañanas pero reservamos nuestra energía para una del año, en la que nos despertamos, nos cantamos, soplamos a un pastel con velitas, y celebramos que, si nuestros cinco sentidos no se equivocan, estamos vivos. Ahora bien, me parece que nuestra condición, más que a la de los pajarillos, es similar a la del náufrago. Éste también lleva la cuenta de los días, pero anhela que su situación termine; cada mañana es, en efecto, un logro de supervivencia, pero no hay nadie alrededor a quien cantar.
3 Feliz cumpleaños adelantado
Por si no nos vemos. Por si no te alcanzo. Por si me secuestran en el camino. Por si el choque, la balacera. Por si por cada persona de clase alta hay 49 de clase baja. Por si el fentanilo y las prácticas de riesgo. Porque más vale. Porque me quedé sin datos. Porque te quiero mucho. Porque te amo. Porque las fosas, las granadas, el metaverso, la precopa. Porque todos tus sueños se vuelvan realidad. Porque la emergencia sanitaria. Porque Rusia, Ucrania, Siria. Porque sí. Porque mi madre necesita un tanque de oxígeno. Porque se me terminó el clonazepam. Porque depende de ti, de mí. Porque lo necesito. Por piedad. Porque para ser feliz hay que intentar parecerlo.
4 Gelatina roja que sabe a verde
Los anteriores trabajos de Iván han insistido en algunos ejes de interés con claridad, como son las enfermedades mentales y el humor de lo absurdo. A pesar de tener un tono desenfadado y posmoderno, en su escritura encontramos una esencia humana que lo vuelve, a mi parecer, más interesante que la mayoría de la poesía irónica que circula por ahí. En este nuevo trabajo volvemos a encontrar dichos intereses. Las enfermedades mentales, aunque en menor medida, aparecen como ruidos de ratones en casas donde no hay ratones, pero el humor de lo absurdo lo impregna todo. Un constante señalamiento a los deseos no alcanzados, y la esperanza vana por alcanzarlos después / después después / después después después.
Charles Chaplin decía que el mecanismo del humor tiene que ver con la tensión que genera una expectativa que resuelve con su fracaso. Como el hombre de aspecto rudo que se pone a llorar por una cursilería; como el payaso que, para lanzarse de un trampolín, corre diez metros y se tropieza en el último paso. Porque la vida es eso, una gelatina roja que sabe a verde / comidas que saben a otras / regalos que son justo lo contrario de lo que se ha pedido. Bien decía Andy Kaufman: nunca he contado un chiste en toda mi vida.
5 Eres cuestión de tiempo
Otra forma de aproximarse a este libro, además del humor y la ansiedad, es a través de la nostalgia. Podríamos concebirlo como un ejercicio de la memoria, y me parece que ahí radica parte de su encanto. Iván no se desmarca de las situaciones patéticas que todos atravesamos, al contrario, revive sin pudor la incomodidad colectiva. Rescata del inconsciente escenas tan genéricas, pero entrañables, como un plato desechable embarrado de betún, para decirnos que no hay mejor forma de medir el tiempo que nosotros mismos. Una fina ironía que no se desdobla en sarcasmo. Porque las fiestas de cumpleaños viven únicamente en el pasado, en un mundo muy ridículo, pero mejor que este.
6 Una paradoja triste pero felizmente memorable
¡Feliz ha muerto; larga vida a feliz!