CINCO POEMAS DE FABRICIO GUTIÉRREZ




CABALLO MUERTO

Estoy dormido a mitad del camino.
Un grupo de niños se acerca y uno de ellos
se divierte picándome con una varita
mientras otro intenta con su pequeña mano
subir mis párpados para que despierte.
Despierto, pero lejos de ahí: en mi casa, en mi cama.
Hay una polilla blanca dentro de la habitación,
se golpea una y otra vez contra la ventana, quiere salir.
Y cuando me levanto a abrir la ventana
logro ver, no muy lejos, a mitad del camino,
un grupo de niños rodeando
el cuerpo de un caballo muerto,
un niño le pica con una varita mientras otro
le intenta subir los párpados.



LAS MANOS DEL RÍO

En una mano del río, un pez grande.
Y en la otra, uno pequeño.
Y yo que estoy sentado en la orilla,
con los pies en el agua,
veo cómo el río se lleva las manos a la espalda,
intercambia varias veces
y después vuelve las manos cerradas al frente.
¿En qué mano está ahora el pez grande
y en cuál el pez chico?
Yo no sé que contestar, hipnotizado
por la fuerza de la corriente.



CORAZÓN DE CORZO

Me vino siguiendo
el corazón de un corzo.
El corzo dormía entre la maleza,
pero su corazón vagaba a orillas del sendero.
Me vio pasar camino abajo y vino siguiéndome.
Por su parecido, primero pensé
que era un panal de abeja.
Después, cuando lo vi de más cerca, me pareció
que en realidad era un puñado de polvo rojo. El viento
lo levantaba con el menor esfuerzo.
Cuando llegué a casa, se detuvo en el portón,
dio media vuelta y regresó por el mismo camino
por el que llegamos. Lo guiaba
la luz verde de las hojas.



ZORRO Y ROCÍO

Antes de caer en la colina, sobre las hojas,
el rocío de la mañana se acumula
dentro de las orejas de un zorro blanco
que duerme hecho ovillo dentro de su madriguera.
Si despierta antes de tiempo y se mueve,
el rocío acumulado se derrama alrededor suyo.
Y no es hasta que vuelve a quedarse dormido
que el rocío comienza a juntarse de nuevo.
Cuando el rocío es suficiente,
el zorro se pone de pie y recorre la colina
sacudiéndose las orejas.



MIRABA EL CIELO

A media noche escapé de casa
y dormí a un costado de la carretera.
Los hombres de las casas rodantes
se agruparon alrededor mío.
«Conforme duerme va disminuyendo de tamaño,
dentro de poco cabrá en una madriguera de topo»,
dijo un tipo.
«Tiene un hoyo en la cabeza, por ahí se le está metiendo
el polen de las amapolas», dijo otro.
«A contraluz se puede ver su interior:
tiene mucha basura entre las costillas»,
dijo uno más.
Desde mi sueño yo los podía ver. A ellos
y al cielo lleno de estrellas.







Columna de Humo. Cinco poemas de «Un pequeño zorro envuelto por el rocío de la mañana» [Sombrario Ediciones, 2025] de Fabricio Gutiérrez, poeta mexicano








Fabricio Gutiérrez
Tomados de Un pequeño zorro envuelto por el rocío de la mañana
Sombrario Ediciones, 2025